Recuerdos como reflexiones del sí mismo.

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Los recuerdos son el fundamento de nuestra identidad.


La única vía para saber quiénes somos consiste en mantener una estrecha relación con nuestros recuerdos. Pues nuestros recuerdos constituyen el fundamento de nuestra identidad –tanto de la actual como de la futura-.

Nuestras identidades pasada y futura están, por consiguiente, vinculadas por recuerdos a nuestra identidad presente. Y los recuerdos de esas identidades, así como nuestra relación con ellas hacen de nosotros lo que somos.

Somos como recordamos ser. Nuestros recuerdos reflejan nuestra situación vital actual. Cuando nos va bien, recordamos momentos felices de nuestro pasado. Pero cuando estamos deprimidos, pensamos más bien en las decepciones. Cuando nos encontramos frente a una tarea difícil, nos viene a la mente desafíos comparables del pasado.

Si estamos contentos con nosotros, recordaremos sobre todo acontecimientos que reflejen esta situación. Si, por el contrario, estamos descontentos o inseguros, enseguida vendrán a nuestra menta derrotas, errores y cosas por el estilo, que cimentan esta autovaloración negativa. Esto significa que los recuerdos que tenemos en ese momento reposan en lo que nosotros mismos vemos y refuerzan esa forma de sentirnos.