La edad del poder, la autoridad y la influencia.

El poder de la edad


El factor de poder está en todos lados.


Si se asocia la vejez con la decrepitud y el debilitamiento progresivo de las funciones físicas y mentales, pareciera poco sensato atribuirle a esta edad la plenitud del poder y sus consecuencias: la autoridad y la influencia. Es que esa asociación es equivocada y discriminatoria, y no se compadece con la realidad.

La mayoría de las personas viejas conservan sus funciones físicas y mentales. Y aunque tengan alguna discapacidad, como la de Franklin Delano Rooselvet, por ejemplo, quién desde su silla de ruedas guió a la victoria a los aliados de la Segunda Guerra Mundial.

Si el poder es la capacidad de realizar algo, dominando o asegurando posiciones, este reposa en manos de personas de cualquier edad. El poder político es el más conocido, ejercido por quienes poseen autoridad en nombre del estado, pero también se ejerce en las instituciones sociales, laborales, científicas, culturales, en la familia y la pareja. El factor de poder está en todos lados.

Bertrand Russell decía que “el único hombre totalmente indiferente hacia el poder será el que sea absolutamente indiferente para el prójimo”. Decía que había que “aceptar el afán de dominio como algo inherente a la naturaleza de los hombres que han de constituir una humanidad honrrada”.

(Del libro “Los cincuenta nombres de la vejez”. Andrés Flores Colombino.)