Ética y envejecimiento


“Envejecer es como escalar una gran montaña…”


El aumento del número de adultos mayores implica un enorme desafío. Es probable que muchos de ellos tengan algún tipo de dificultad, ya sea física para desplegar ciertas funciones básicas como bañarse, peinarse, caminar o cortarse las uñas de los pies; mientras otros pueden mostrar algún tipo de disminución cognitiva.

La modificación en la cantidad de población que sobrevive muchos años y la posibilidad técnica de extender estos lapsos tienen implicaciones sociales, económicas, políticas, médicas y éticas.

Otra cuestión a dirimir es si el cuidado de las personas mayores es un problema familiar o estatal.

En el pasado, los 65 años anunciaban que ya era el momento de jubilarse y delimitaban claramente dos etapas: la vida del trabajo, del así llamado ocio.

Actualmente numerosas personas que han pasado esa edad continúan con niveles de capacidad equivalentes por lo que pasan a una situación de jubilación activa, una etapa donde toman nuevas responsabilidades y actividades o emprenden una segunda carrera.

Esta realidad obligaría a modificar el significado de ser mayores y/o jubilados.

Del libro: “Según pasan los años”. Susana E. Sommer. Editorial Clave Intelectual.

(La frase del comienzo del post es de Ingmar Bergman.)