El valor de los objetos.


Objetos simbólicos, objetos del camino.


El valor de un objeto no lo configuran, pues, sus características físicas ni el material del que está hecho, sino que contiene además asociaciones simbólicas, significados y -sobre todo- recuerdos-.

Los objetos importantes para nosotros están impregnados de energía biográfica. Ya sea que reflejen aspectos actuales de nuestra vida (ciertas actividades, intereses o también una autoimagen determinada), ya sea que contengan recuerdos. En el segundo caso funcionan como desencadenantes de un proceso del recuerdo que nos vincula siempre de nuevo con personas, lugares, cosas o situaciones del pasado que, por algún motivo, aún siguen siendo hoy importantes para nosotros.

A este respecto se ha podido comprobar que el tipo de objetos que se consideran valiosos varía en el transcurso del tiempo. Para los niños pequeños, por ejemplo, juguetes como los animalitos de peluche o la muñeca preferida son objetos transicionales importantes que los ayudan a aceptar la ausencia de los padres o de otra persona de referencia y a desarrollar cierta autonomía.

En los niños no tan pequeños son, por lo general “cosas que otros tienen”. Son la expresión de un primer comportamiento competitivo y promueven la formación de la identidad en relación con el entorno.

Durante la pubertad, los “objetos preferidos” reflejan por lo general ciertas capacidades del adolescente, o bien son cosas sobre las cuales ejerce un control, por ejemplo un equipamiento deportivo o un instrumento musical.

Más tarde, en la edad adulta temprana y media, la importancia de los objetos relacionados con actividades se desplaza hacia símbolos de estatus y poder. A medida que se avanza en edad, se valoran sobre todo las cosas que representan vinculaciones. Estas pueden ser, junto a fotografías, cartas y regalos de una persona determinada, también objetos del recuerdo de ciertos lugares que desempeñaron un papel en la vinculación correspondiente.

Además hay objetos por los que sentimos afecto simplemente porque los poseemos hace ya un buen tiempo. Representan la continuidad en nuestra vida.

(Del libro “Los siete regalos de la memoria”. Robin Lohmann.)