El envejecimiento activo


El proceso de envejecer nos acompaña a lo largo de toda la vida.


Su desarrollo no solo está vinculado al tiempo, sino que también está ligado a la persona (estado físico, características psicológicas, cuidados de la salud, historia previa), a los otros (apoyo social, participación, respeto y apoyo a los mayores) y el entorno físico, social económico…

Por ello debemos ser conscientes de que somos actores y responsables de nuestro propio envejecimiento y por tanto, debemos aprender a potenciar nuestras capacidades respondiendo a un envejecimiento activo en los cuidados de nuestro cuerpo y nuestra mente, desarrollar la participación social, tanto a nivel micro como macro, impulsar la solidaridad intergeneracional con nuestros iguales, y continuar creando y formando parte de la sociedad actual, heterogénea y cambiante.

Durante el proceso de envejecimiento no solo se producen cambios biológicos, psicológicos, físicos o sociales, sino que también se alteran las diferentes áreas ocupacionales y con ellas, las actividades, tareas, roles y ocupaciones. El cambio más notable desde el desempeño ocupacional en esta etapa es la pérdida de un rol que suele ser muy significativo para la persona como es el del trabajador activo. Este hecho puede ir acompañado de sentimientos negativos, como la pérdida de identidad, la nostalgia o la retirada de vínculos sociales ligados al área laboral.

Por tanto acompañar desde terapia ocupacional al adulto mayor durante este proceso nos permite identificar las aptitudes que posee, los gustos e intereses mostrados y las destrezas motoras, de procedimiento y de comunicación necesarias para poder seleccionar nuevas ocupaciones.

(Gerontología social y envejecimiento activo. Edit. Universitas).