Aprendamos a observar.


Observar de manera consciente no es una cosa fácil.


Nunca nos han enseñado cómo hacerlo. Por un lado estamos acostumbrados a hacer mil cosas a la vez y el trepidante mundo actual nos ofrece un sinfín de estímulos externos que mantienen nuestra atención pendiente no solo de todo lo que pasa a nuestro alrededor, sino también de aquello que está sucediendo a muchos kilómetros de distancia.

Además, en general actuamos y reaccionamos de manera automática, siguiendo pautas de conducta que repetimos durante años. Muy pocas veces somos realmente conscientes de lo que no está sucediendo, de las reacciones de nuestro cuerpo, de lo que hacemos o pensamos en el momento presente.

Hay que aprender a observar lo que está sucediendo en un instante sin emitir juicio, sin pretender cambiar nada, permitiendo que sea simplemente tal y como es.

Esta observación nos trae calma y serenidad, lo que permite tomar una cierta perspectiva de los acontecimientos, aceptándolos, dejando que sean. Así podremos ser conscientes de que todo está sujeto a cambios y de que nada permanece. Todo es pasajero, los pensamientos, las circunstancias, la vida misma.

También nos damos cuenta de los patrones de conducta que hemos ido creando a lo largo de nuestra vida. Estos patrones automáticos que todos tenemos y que mantienen una determinada manera de ver las cosas, de pensar y de actuar ante los acontecimientos.

(Del libro: “Mindfulness para mayores”. María Teresa Palomas).